domingo, 26 de abril de 2015

PODER, PODERES Y EMPODERAMIENTO - Y EL AMOR? - AH, EL AMOR! LA AUTOOBJETIVACIÓN COMO MEDIO PARA LLEGAR AL OTRO

Fuente: Actas 5º Congreso Estatal Isonomía sobre Igualdad entre mujeres y hombres
Pero el largo camino en la procura del príncipe azul está lleno de escollos. Las mujeres, conscientes de ello, elaboran y despliegan una serie de estrategias que muchas veces se articulan en torno a la objetivación de su cuerpo y de su persona como medio de vinculación con el otro, rivalizando entre ellas, siguiendo severas dietas de adelgazamiento, ofreciendo sexo a cambio de amor (Marqués y Osborne, 1991). Objetivándose, en definitiva, para alcanzar su verdadero y más profundo deseo: ser amadas y protegidas por un hombre.
Así, en una de las frecuentes discusiones entre las chicas de la casa, Abi e Isabel critican el comportamiento sexual poco decoroso de Marta, poniendo de relieve el doble rasero sexual que niega a las mujeres su derecho al placer sexual y les impone una actitud pasiva e inhibida en su negociación de las relaciones sexuales:
Abi: Mejor pide alguien más joven, nena, que tú le fundes los plomos a un equipo de rugby.
Marta: ¡Pero bueno!, ¡No soy una ninfómana!
Isabel: Vamos, niña, que hay bocas de metro menos transitadas que tu entrepierna.
Marta: ¿Y a ti quién te ha contado eso, lista?
Isabel: Los mismos que dicen que cuando te bajas las bragas hay eco, eco, ecoo…
Marta: Eres muy graciosa, pero yo puedo vivir sin sexo, he pasado años sin él...
Abi: ¿Años?… ¡Ah sí, exactamente hasta los 8 años, reina!
Marta: Así que creéis que soy una fresca.
Isabel: Bueno, eso diría mi abuela. ¡Yo diría un putón!
Marta: Pues ningún chico me ha llamado eso nunca, y como tú dices conozco unos cuantos.
Así, en esta conversación a tres voces se explicita que la mujer que tiene sexo con varias parejas es una puta, lo que es recordado, en no pocas ocasiones, por las otras mujeres, incluso más frecuentemente que por los hombres. Esta cuestión destaca el sexismo interiorizado de las mujeres, que de una forma hostil es expresado a las otras mujeres, explicitando no sólo su rivalidad en la búsqueda del hombre perfecto, sino sus diferentes estrategias utilizadas como instrumento de vinculación con el otro. Así, mientras Marta ofrece sexo a cambio de amor, Isabel promete sexo para sentirse querida y deseada durante unas horas, y después mantiene su actitud de decoro, de acuerdo con los estereotipos de la sexualidad femenina:
Marta: ¿Sabes quiénes les parecen a ellos realmente unas zorras?
Isabel: ¡Ilumíname!
Marta: Pues esas chicas que dejan que las inviten a cenar, a la discoteca, a tomar copas y que a las seis de la mañana les dicen, gracias quiero ir a sonson, hasta mañana, cuídate mucho.
Isabel: ¿Me quieres decir algo? Yo solo hago eso con algún imbécil.
Marta: ¡No fastidies! ¿Hay alguno que no te lo parezca?
Isabel: Y qué tiene de malo, sólo me quieren llevar a la cama, ¿no?, pues yo les llevo a mi huerto ¡Que se jodan!
La rivalidad entre mujeres asume que los hombres tienen necesidades que satisfacen buscando sexo en las mujeres, de modo que cuando una mujer no le da lo que necesitan lo buscan en otra que sí lo haga. Las mujeres aceptan así, tácitamente, su condición de instrumentos para el placer masculino, asumiendo que para que un hombre ame de verdad a una mujer, más allá de su mera instrumentalización como objeto de deseo, ésta ha de valer mucho:
Marta: Tú sabes que sólo te invitan y te soportan para echarte un polvo, ¿no?
Isabel: Claro.
Marta: Y sabes desde un principio que no lo harás.
Isabel: Sí, ¿y?
Marta: Gracias a ti los puticlubs están llenos.
Isabel: No todas somos tan putas, reina.
Marta: Mira, yo seré una zorra, pero mejor puta que hija de puta.
Y en esta estrategia de sexo como vinculación con el otro, donde la relación sexual constituye para la mujer un lugar de encuentro donde comunicarse y ser querida por el otro, el cuerpo constituye uno de los principales reclamos, de modo que el control del apetito y la estricta dieta constituye uno de los más fundamentales requisitos para obtener el reconocimiento del hombre. Las mujeres se convierten así en objetos de deseo, en productos que rivalizan en el mercado para convencer al cliente. Y será así, a través del cuerpo como reclamo cómo el hombre podrá llegar a ellas, para posteriormente valorarlas y amarlas tal como son: una cara, un cuerpo bonito y las puertas se abren, si no olvídate, no existes (Isabel). En esta línea destaca la siguiente escena en la que las chicas explicitan estas cuestiones:
Venus: Daniel ha hecho cuajada, cuajada con miel de azahar, para no llorar más.
María: Muchas gracias.
Abi: Gracias Venus, no hará falta.
María: Tomaré uno.
Isabel: María, eres la viva imagen de la debilidad y el fracaso.
María: No puedes ser tan mala. ¡Tiene tan buena pinta!
Abi: Déjala comer, seguro que te encanta eliminar competencia, ¿verdad?
Isabel: La naturaleza es cruel, al final sólo quedaremos las más fuertes.
Isabel: Venus, cariño, ¿por qué no me haces caso y dejas de cebarte como una foca?
Abi: ¿Sabéis por qué me dejó mi novio después de cinco años?
Isabel: Por otra chica.
Abi: ¡Bingo! De repente mi culo le pareció demasiado grande... Ya sé que es triste, pero prefiero asegurarme de que eso no vuelve a pasar...
Pero el voraz apetito de Venus, su despreocupación por los imperativos del rígido ideal de belleza impuesto a las mujeres, no durará demasiado. Poco tiempo después, al sentirse rechazada por su príncipe, que sucumbe a los encantos de su compañera de reparto (mujer despampanante, objeto de las envidias de las chicas), Venus caerá también en las redes del control del cuerpo, principal culpable de su fracaso: ¿Cómo puedo ser guapa?, pregunta a sus compañeras, mientras ellas apartan el plato de comida de su vista.
Así, un cuerpo bello (entiéndase delgado), cueste lo que cueste, constituye el principal anzuelo para el príncipe. Una vez que pique, la relación sexual será un preciado espacio al través del que llegar al otro, entregarse a él, comunicarse con él, sentirse deseada, amada y valorada.