domingo, 30 de diciembre de 2012

FRAGA DE QUIROGA - CATASÓS


Tocaba visitar la comarca del  Deza y su capital, Lanlín. Las predicciones  meteorológicas eran relativamente buenas  con bajada suave de temperaturas y disminución de la probabilidad de lluvia.
Iniciamos nuestro camino en el km 0 de Galicia, en Lalín centro para la realización de un recorrido circular que nos llevara a la fraga de Quiroga, tan cerca y tan lejos; desconocida para muchas personas y que está ubicada al lado de la Nacional 535 Ourense a Santiago. Una ruta de dificultad baja de 17 km por caminos  bien definidos, con muchísimo barro, lodazales y mucha agua, si bien la lluvia fue escasa. Caminamos con barro hasta los tobillos, pero la marcha fue preciosa.  
Adentrarse en la fraga de Quiroga es una aventura única; robles y castaños centenarios de más de 25 o 30 metros de altura  y 5 0 6 metros de perímetro. Este bosque está considerado como Monumento Natural y figura dentro de la lista de árboles singulares de Galicia. Parece tener los ejemplares de castaños más altos de Europa. Para la construcción de los pazos gallegos se necesitaban vigas largas, circunstancia que motivaría las sucesivas podas para que los árboles crecieran y no engordaran demasiado. El visitante puede observar en uno de los trocos caídos por la fuerza del huracán Hortensia, que azotó Galicia entre el 2 y el 4 de octubre de 1984, aparecen contados anillo por anillo  su historial. Recomiendo la visita a este lugar privilegiado. Parece ser que Emilia Pardo Bazán pasó temporadas en este lugar en donde escribió parte de su obra Los Pazos de Ulloa por su vinculación a la familia Quiroga. Considerada como una de las precursoras de la emancipación de la mujer vista desde un prisma feminista.
Se casó a los 17 años con José Quiroga, y ambos fijaron su residencia en Madrid. De Quiroga, que le había prohibido sin éxito que continuara escribiendo a raíz del escándalo surgido por su defensa del naturalismo, se separa en 1885. Entablará después una relación sentimental con Benito Pérez Galdós, uno de los grandes novelistas del momento, con quien mantuvo una interesante e intensa correspondencia amorosa. Con Galdós recorrió Madrid; ambos acudieron a la Romería de San Isidro, episodio que seguramente sirvió de inspiración para el argumento de su novela Insolación. Estuvo también unida sentimentalmente a José Lázaro Galdiano.
Gran viajera, en 1886 conoció en París a Émile Zola, así como a Daudet y a los hermanos Goncourt. Fue amiga también de Francisco Giner de los Ríos, gracias al cual conoció el krausismo. Tenía su propia tertulia y, en general, se mantuvo siempre en contacto con la intelectualidad del momento; además de los citados, y entre otros muchos, hay que mencionar entre los de su círculo a escritores, críticos y políticos como Zorrilla, Rosalía de Castro, Blasco Ibáñez, Unamuno, Menéndez Pelayo, Castelar, Cánovas y Canalejas. Mostró, a lo largo de su vida, un claro interés por la política, como puede apreciarse en su obra literaria. Asistía con regularidad al Congreso a escuchar a los parlamentarios, en especial al citado Castelar, célebre por su oratoria.
En 1916 fue nombrada catedrática de la Universidad de Madrid. Fue asimismo presidenta de la sección literaria del Ateneo madrileño (Ramón Gómez de la Serna nos la describe ante ese artilugio moderno que era la máquina de escribir) y nombrada Consejera de Instrucción Pública, entre otros honores y consideraciones. Sin embargo, y probablemente por su condición femenina, no llegó a ser elegida, pese a sus deseos, miembro de la Real Academia.
El 12 de mayo de 1921, una complicación con la diabetes que padecía le provocó la muerte. Al día siguiente, toda la prensa hablaba de la escritora fallecida el día anterior, que fue enterrada en la cripta de la iglesia de la Concepción de Madrid.
TRACK DEL RECORRIDO

Fuente: ned.univie.ac.at